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Psicoterapia

La terapia psicológica para niños y adolescentes ayuda a mejorar su calidad de vida, a través de cambios en la conducta y las actitudes, de la mejora en la gestión de las emociones, de la forma de pensar y observar las cosas que pasan.

La concepción del niño y adolescente parte desde lo positivo, nos enfocamos a la solución y no al problema. Se atiende de forma holística y sistémica a la personas, es decir contemplamos la parte emocional, sensorial, cognitiva, social y espiritual del niño y adolescente. Lo vemos como parte de un sistema que influye de manera determinante en su manera de estar en el mundo, de comportarse, de sentir, etc. El principal sistema es la familia, pero también el colegio es un sistema importante en su vida.

Partimos habitualmente de que existe sufrimiento que puede mostrarse a través de un síntoma o de determinadas conductas nocivas para el niño, sin llegar a ser una psicopatología. Por tanto, el punto de partida es alguna cosa que hay que sanar. El objetivo concreto sería eliminar el sufrimiento y toda la limitación que genera para poder llegar al estado de bienestar deseado. La psicoterapia se enfoca a partir de estos síntomas (de alguna manera nos enfocamos a lo que está mal, lo que es disfuncional) y tratamos de mejorar conductas y la calidad de vida del niño.

Un ejemplo sería el de la ansiedad. Cuando un niño tiene miedos, tendencia a sentir algo de ansiedad y ello provoca malestar en su vida, cuando es un mecanismo habitual cuando es tan excesiva que genera graves problemas de relación social, de aprendizaje, etc. puede convertirse en un trastorno psicopatológico. Para eliminarla o minimizarla y ayudar a prevenir un posible trastorno más grave suelen ser necesarios procesos más largos y que se enfoquen a que el niño pueda aumentar su autoestima, adquirir recursos en todos los aspectos de sus ser; cognitivo, emocional, físico, espiritual.

¿Cuándo pueden necesitar terapia los niños y los adolescentes?

Durante el desarrollo y crecimiento del niño/a y adolescente podemos encontrarnos en algún momento con alguna dificultad o síntoma que indique que alguna cosa está pasando y que hace que el niño o adolescente no consiga el bienestar en su vida.

Se pueden observar problemas de conducta que son disfuncionales, es decir, que vemos que algo está impidiendo que el niño o adolescente conecte, interactúe con su entorno (familia, amigos, escuela) de forma natural y sana. Por ejemplo, cuando un niño se encierra en sí mismo y no contacta con la realidad, cuando tiene un temor excesivo, cuando se muestra hipersensible o se siente a menudo culpable, cuando tiene una autoestima muy baja, cuando no muestra contacto con sus propias emociones, cuando aparece algún tic o alguna fobia…

Estos comportamientos suelen ser señales de alarma que se disparan y nos indican que es recomendable iniciar un proceso terapéutico.

Algunas de las dificultades o trastornos que tratamos:

¿Cómo se hace una sesión?

Trabajando desde “el aquí y el ahora”, le damos la bienvenida al síntoma actual (crisis de angustia, fobias, insomnio, problemas de relación, etc.) para descubrir qué nos está queriendo decir y dar respuesta a las necesidades de este niño y/o adolescente para que el síntoma disminuyendo hasta desaparecer.

Cuando los niños son pequeños (de 7 a 10 años), siempre que podemos trabajamos a través de los padres, de forma indirecta.

¿Cuánto dura un proceso de terapia?

Las sesiones se reparten en el tiempo según los avances de cada persona y cada caso. Lo más habitual es establecer sesiones periódicas con el niño y/o adolescente (semanales o quincenales) y una vez cada mes o cada mes y medio con los padres. También es recomendable tener contacto directo con el tutor/a del niño o adolescente con el fin de tener una visión ampliada y de coordinar una misma línea de actuación que beneficie al niño o adolescente y le ayude a encontrar el bienestar lo antes posible. Si eso no es posible se recomienda como mínimo un contacto telefónico.

El trabajo en equipo es fundamental para crear un entorno de apoyo que realmente pueda tener incidencia en la generación de un cambio que provoque bienestar en la vida del niño o adolescente. Por ello la colaboración entre la terapeuta, la familia y la escuela son un factor clave para que el niño encuentre la confianza y la seguridad que necesita para lograr el cambio deseado.

La primera sesión se hace con los padres y la terapeuta y después se inicia el trabajo con el niño o adolescente.