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Los No que ayudan a crecer

El No es una de las palabras más importantes que tenemos en nuestro vocabulario. Nos reafirma como personas y nos permite poner límites.

El primer NO que aparece en nuestras vidas se da alrededor de los dos años. Es la etapa en que los niños empiezan, por decirlo de alguna manera, a ser conscientes de su individualidad, inician la desvinculación con la madre (que se ha dado hasta el momento) y poco a poco desarrollan una identidad propia. Una de las formas que tienen de hacerlo es decir NO constantemente. ¿recuerdas la etapa en que tu hijo/a decía NO?. Después en la adolescencia se vuelve de nuevo a los NO, no a todo por sistema. Es también una manera de reafirmarse como individuos con identidad propia y con capacidad de decisión diferenciada de los padres.

¿Qué te pasa como padre/madre con el NO?

¡Párate un minuto a reflexionar!. ¿Te cuesta decir No en general? ¿y a tus hijos? y cuando te dicen NO, ¿qué te pasa? ¿cómo te sientes?

Si tu respuesta es que sí te cuesta te diré que no eres un bicho raro, es muy habitual. De alguna forma pensamos que si le decimos “No” a alguien, puede que se moleste con nosotros, que no le caigamos bien (en el fondo el peligro es que no nos dejen de querer) y cuando hablamos de hijos ya ni te cuento.

Los límites ayudan a los niños/adolescentes a que se sientan seguros y queridos porque de alguna forma ven que alguien se preocupa por ellos, les dice hasta dónde pueden llegar (aunque, en mucho casos intentarán transgredir ese límite, es natural y forma parte de su aprendizaje vital, este tema lo dejamos para otro artículo).

En este artículo no entraré a reflexionar sobre cómo tienen que ser los límites, ni en cuándo deben ponerse. Solo te diré que confies en tu sentido común y que cada niño/a es diferente por lo que necesitará también límites diferentes. Lo que sí veremos es algunas características para que cuando pongas un límite tus hijos lo escuchen

Cómo tiene que ser un límite para que tu hijo/a te escuche:

  • Claro: No es lo mismo decir “pórtate bien”, que indicar algo concreto tipo: “no grites”, no te subas con zapatos en el sofá”, etc.
  • Breve: Cuando pongas un límite, no entres en explicaciones ni negociaciones (ya tendrás el momento para ello) un límite, un hasta aquí cuanto más breve más posibilidades de que sea aceptado.
  • Coherente: Cuando pongas un límite piénsalo antes, no sirve de nada que depende del humor que lleves un día u otro los vayas cambiando. Mejor que sea un límite que puedas sostener, si pones algo (tipo. “no vas a salir en todo lo que queda de año”) luego no vas a poder cumplirlo.
  • Consistente: Cuando sea algo que consideras realmente importante es fundamental que puedas acordarlo antes con tu pareja. Si estáis de acuerdo los dos, será más consistente y creíble para tu hijo/a. (ya sabemos que en el día a día de la educación de los hijos puede haber discrepancias entre padre y madre, o entre los dos progenitores, pero si aceptas una sugerencia para límites que consideréis importantes en su desarrollo, poneros de acuerdo).
  • Flexible: Y finalmente no olvidéis que las circunstancias cambias y si el contexto en el que habíais puesto un límite ha cambiado siempre podeis transformarlo, cambiarlo…las cosas rígidas se rompen con más facilidad.

Y finalmente para los que os cuesta decir NO, aquí os dejo con un maestro..

2 Comments

  • Cuca

    17 abril, 2015 at 10:40 a.m.

    Me ha encantado tu post. La declaración del no supone muchas veces perder lo que hoy se llama “buen rollo” que muchas veces se confunde con permisividad y dejar hacer. Cuanto miedo tenemos muchas veces a que dejen de querernos o a no ser el mejor padre/madre. Pero a la larga tener un marco donde moverse y que nos de seguridad es muy bueno para el hijo.
    Gracias por explicarlo tan claramente.

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    • Silvia Martinez Santalucia

      23 abril, 2015 at 10:43 a.m.

      Gracias Cuca,

      qué interesante me parece tu comentario sobre el miedo a que dejen de querernos como madre/padre o incluso la presión de nos ser la mejor madre/padre. Los hijos nunca dejamos de querer a los padres por más que podamos estar en desacuerdo con ellos, es inherente a la propia vida.
      Y por otro lado, como madres y padres cada uno lo hace cómo mejor sabe y puede y esto, sin duda, es mucho.

      Responder

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