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¿Tus palabras, limitan o impulsan a tu hijo/a?

¿Cuántas cosas les dices a tus hijos cada día? Seguro que tantas que es imposible contarlas. Y ¿Te has parado a pensar cuántas de estas cosas que dices le ayudan a volar o por el contrario ponen piedras en su camino?

Para los niños y adolescentes, sus padres son el referente más importante en su vida. Por ello, las cosas que como madre o padre, que eres, le dices a tu hijo/a tienen un poder e influencia fundamentales en la imagen que de él/ella mismo/a se va haciendo y en su concepción del mundo, sobre las cosas que se pueden o no lograr.

Los niños son muy receptivos ante la positividad y les gusta sentirse valorados. En el post “yo controlo” profundizamos en la necesidad de los niños de creer que ellos pueden hacer cosas por sí mismos.

En cambio otras que hieren que nos hacen sentir pequeños, incapaces. En general, los niños son más susceptibles a los comentarios negativos porque son más frágiles.

Por supuesto, no todas las  palabras le suenan a todo el mundo igual, ni tienen el mismo impacto siempre, ya que depende del momento y de cómo nos sentimos y nos encontramos emocionalmente hablando. Lo importante es   tener presente que hay algunas palabras que limitan más que otras y que si se las repetimos constantemente a nuestros hijos, aunque sea sin darnos cuenta, en vez de darles oportunidades ante la vida, se las estamos quitando.

Cómo impulsar a tus hijos con tres pasos clave.

  1. Auto-observación: Lo primero de todo es tomar consciencia de las palabras que utilizamos, de nuestro pensamiento. El lenguaje no es inocente y refleja nuestra forma de pensar. Para ello, te propongo un ejercicio de autoobservación que encontrarás al final.
  2. A la caza de las frases malditas. En la autoobservación detectarás aquellas palabras o frases que sueles decir y que no ayudan para nada a que tu hijo/a se sienta seguro/a, ni capaz de emprender aquello que desea.
  3. Dándole la vuelta al calcetín. Seguro que hay una manera de decir lo mismo pero de una forma más constructiva. Por ejemplo: puedes cambiar un “no podrás”, por un, ¿qué crees que vas a necesitar para lograrlo?; o ante un “esto no es para ti” puedes preguntar “¿estás seguro/a o has pensado bien si  esto es lo que más te interesa en estos momentos?, etc.

¡Atención!. Tampoco hay que pensar que solo por decir una palabra vamos a causar un trauma o una catástrofe irreparable en la vida de nuestros hijos. Lo que importa es las veces que la repetimos y con qué asiduidad, el tono, el momento y la situación, etc. Por ello es tan importante auto observarnos…y si no, siempre queda pedir perdón y corregirse (sí, los padres también podéis, no solo los hijo se tienen que ir corrigiendo).

Palabras que limitan

Por si tienes alguna duda, aquí tienes una lista de palabras o frases cotidianas que limitan:

No puedes, tu no vales para esto, a ti esto no te sale, eres tonto, eres pésimo para, no sabes, no hay tiempo, nunca lo conseguirás, dedícate a otra cosa, deja de perder el tiempo en …, qué patoso eres, qué desastre eres, ni lo intentes, etc., etc.

Palabras que abren posibilidades.

Puedes ampliar estas dos listas con tus propias palabras.

  • Las preguntas que implican una reflexión propia y que abren otros caminos: Qué necesitas, qué te hace falta aprender para…, qué otra cosa puedes hacer, qué puedes perder, y si no es esto qué otra cosa…, etc.
  • Los reconocimientos y palabras de ánimo: Tú puedes, muy bien, felicidades, inténtalo, vale la pena probarlo,  tu vales mucho, lograrás lo que te propongas, pase lo que pase estaré orgullosa/o de ti, te quiero por lo que eres, consigas lo que consigas, etc.

Para finalizar, te animo a que pruebes este ejercicio de auto observación.

EJERCICIO DE AUTOOBSERVACIÓN: De vez en cuando es importante sacar a nuestro mini yo del trastero.

Imagina que de repente te conviertes en un muñeco pequeñito, tipo clik  o como un muñequito del lego y que delante tienes un gigante (que eres tú mismo).  Te subes a la cabeza de tu propio gigante o te elevas por encima de ella (ya que también puedes volar) e intentas observar a este gigante como si fuera un ser diferente a ti, un objeto extraño, digno de estudio. Sin juzgar, sin castigarte por lo que veas o escuches…solo tienes que observar y tomar nota. Esto te ayudará a tomar consciencia de ti misma/o.

Cuando hayas observado un poco las cosas que el gigante hace, dice, piensa, siente, podrás decidir qué quieres cambiar o mejorar.

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